El juego: la escuela infantil

Durante los primeros años de vida, la exposición temprana a pantallas influye de forma directa en el desarrollo cognitivo y del lenguaje. Son muchas las evidencias científicas. Algunas afirmaciones que destacan entre los estudios publicados confirman que: 

  • Apenas 30 minutos diarios de uso de dispositivos móviles en niños de 6 a 24 meses incrementan en un 49% el riesgo de sufrir retrasos en el lenguaje expresivo (Pediatric Academic Societies).
  • Un consumo elevado a los dos y tres años predice puntuaciones significativamente más bajas en el desarrollo motor y cognitivo a los tres y cinco años (Sheri Madigan).

Pero a medida que la infancia avanza hacia la etapa preescolar y escolar, el exceso de pantallas muestra una clara relación con las dificultades de atención y autorregulación. En una investigación de Dimitri Christakis publicada en la revista Pediatrics, se observó que cada hora diaria acumulada frente a la televisión entre el primer y el tercer año de vida eleva, entre un 9% y un 10%, la probabilidad de desarrollar déficits de atención al cumplir los siete años. 

También se observa que los niños de cinco años que usan dispositivos más de dos horas al día tienen un riesgo 7,7 veces mayor de presentar sintomatología compatible con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en comparación con quienes los utilizan menos de 30 minutos diarios. Además, el impacto de estos dispositivos trasciende el plano cognitivo para alterar hábitos de salud fundamentales como el descanso y el metabolismo.

Todos estos datos debería llevar a una modificación social, global y constante, para defender el derecho de los menores a un crecimiento saludable y armónico.

¿Cómo crece la infancia?

El juego libre y tridimensional es el entrenamiento biológico para el que la mente humana fue diseñada, mientras que la pantalla es un atajo sintético que simula el estímulo sin ofrecer la experiencia real.

El juego actúa como el laboratorio natural donde el ser humano ensaya por primera vez el arte de vivir. A través de la simulación y la exploración espontánea, las mentes infantiles no solo construyen conexiones neuronales y habilidades motoras, sino que asimilan de forma orgánica las reglas fundamentales de la convivencia: la negociación, la empatía, la tolerancia a la frustración y la resolución creativa de conflictos. 

En este territorio sin juicio, un simple bloque de madera se convierte en una lección de física, un juego de roles en un ensayo de diplomacia y la curiosidad en el motor del conocimiento. Lejos de ser una distracción o un mero pasatiempo, el juego representa la forma más rigurosa e instintiva de alfabetización cognitiva y emocional con la que descubrimos el mundo.

Sustituir el juego por pantallas no es un simple cambio de formato; es reemplazar la herramienta natural con la que el cerebro aprende a habitar el mundo por un estímulo que fragmenta la atención y empobrece la experiencia.

Jornadas lúdicas familiares

Para redescubrir el valor del juego, en la Fundación Aprender a Mirar proponemos a los centros educativos de Educación Infantil y Primaria un encuentro lúdico con las familias. Se trata de una iniciativa innovadora y pedagógica dirigida a niñas y niños de 4 a 9 años y a sus familias y docentes. Esta actividad la desarrollamos en colaboración con la Associació de Consumidors de Mitjans Audiovisuals de Catalunya.

Nuestro propósito central es fomentar hábitos saludables sobre el consumo de pantallas (móviles, tabletas, etc.) a edades tempranas. Queremos ofrecer a los padres, madres y educadores herramientas y recursos para promover el juego y el ocio sin tecnología.

Por eso, en estas jornadas enseñamos a los más pequeños a entretenerse con actividades enriquecedoras que alimenten su cerebro y sus emociones. También recordamos a sus progenitores que el juego sin pantallas potencia las competencias creativas y el desarrollo cerebral.

Más aún. Con esta iniciativa, queremos convertir los «tiempos muertos» (como las esperas en el médico o los viajes) en «momentos juguetones”. Es decir, en oportunidades de juego y conexión sin recurrir a un dispositivo digital.

Un cambio social

Una familia digitalmente consciente es aquella que, de forma activa, se esfuerza por equilibrar el uso de las pantallas en casa y adopta hábitos para el desarrollo integral de sus hijos.

Por supuesto, esta consciencia implica que la familia busca y propone el juego creativo, las actividades lúdicas, el arte y la interacción social para sus hijos, en lugar de recurrir automáticamente a un dispositivo digital (móvil o tableta) para entretenerlos.

Deberíamos convertir los momentos de espera en oportunidades. En lugar de dar el móvil a un niño en la antesala del pediatra, en el autobús, en un restaurante o mientras los llevamos en el cochecito, utilicemos ese tiempo para realizar actividades enriquecedoras que fomentan el desarrollo cerebral y emocional y los vínculos familiares. Incluso, dejemos que ellos mismos experimenten el “no hacer nada”, una actividad que construye un rico mundo interior al que deberán acudir para comprender y gestionar sus emociones en un futuro no muy lejano.

En resumen, una sociedad moderna debe promocionar una actitud proactiva y consciente. Debe comprometerse a fomentar un ambiente de crecimiento donde la creatividad y el juego real son los protagonistas, minimizando el uso de dispositivos digitales con sus hijos. Y eso se consigue si somos muchos los que nos sumamos a la causa. ¡Súmate!

Pídenos que organicemos una Jornada lúdica familiar en el colegio de tus hijos.

Firma: Mar Pons. Directora de formación de la Fundación Aprender a Mirar.