Hiperconectados. ¿Anestesiados de nuestras emociones?

Hoy en día, las pantallas gestionan gran parte del tiempo de nuestros hijos, pero ¿están gestionando también sus emociones?

Para dar respuesta a esta pregunta, en la primera conversación con expertos del curso hablamos con el Dr. Rafael Bisquerra, Catedrático Emérito de la Universidad de Barcelona y presidente de la RIEEB (Red Internacional de Educación Emocional y Bienestar) y Cristina Gutiérrez, investigadora, escritora y CEO de La Granja, Ability Training Center.

La realidad digital y el impacto en la infancia

La tecnología avanza más rápido que la capacidad de investigación científica para analizar sus consecuencias. Para dar contexto a esta problemática, tal como explica el Dr. Rafael Bisquerra, en apenas una década se ha pasado de impulsar un ordenador por alumno a retirar las pantallas de las aulas, provocando que muchas veces se actúe por inercia o modas, en lugar de basarse en certezas sólidas.

Por su parte, y desde su experiencia de más de 40 años en el campo práctico, Cristina Gutiérrez habla sobre cómo la hiperconexión digital está moldeando un perfil emocional en la infancia y la juventud más ausente y con menos habilidades sociales. Eso se debe a que, al estar acostumbrados a comunicarse a través de las pantallas, muestran mayores dificultades para mantener conversaciones asertivas y marcar límites. Esta falta de interacción real les genera una desconexión profunda, tanto de los demás como de sí mismos.

Ante este panorama, Bisquerra recuerda que las pantallas deben entenderse como un recurso útil, ya que el impacto de la tecnología depende del uso que hagamos de ella. La clave está en recuperar el control consciente y la capacidad de decidir y renunciar, habilidades que se consiguen a través de la educación emocional.

La competencia emocional

A menudo existe el error de pensar que la educación emocional consiste en «dar rienda suelta» a todo lo que sentimos. Sin embargo, se trata de todo lo contrario: tomar conciencia de las emociones para regularlas.

El analfabetismo en este ámbito se manifiesta a diario en comportamientos impulsivos, violencia o conductas de riesgo; y se ve reflejado en problemas de salud mental como la ansiedad, la depresión, el estrés e incluso la ideación suicida. Por lo tanto, es imprescindible sensibilizar al profesorado, a las familias y a la sociedad para comprometernos con la necesidad de entrenar las emociones.

Las emociones no son solo individuales; también existen las colectivas. Los entornos que habitamos –incluidos los digitales– generan climas emocionales que nos contagian y a los que nosotros también contribuimos. En este sentido, el Dr. Bisquerra invita a reflexionar:

  • Sobre lo que recibimos. ¿De qué climas me estoy contagiando a diario? ¿De cuáles elijo distanciarme y cuáles me benefician?
  • Sobre lo que aportamos. ¿A qué clima estoy contribuyendo? ¿A cuál realmente quiero aportar algo?

Las pantallas como “chupete emocional”

Usar las pantallas como “chupete emocional”, es decir, recurrir a ellas para calmar las rabietas o llantos de los más pequeños, puede tener consecuencias en su desarrollo. De esta forma se les transmite un mensaje muy peligroso: la responsabilidad de calmarte no es tuya, sino de un aparato.

En edades tempranas ya se debe empezar a entrenar sus competencias y habilidades. Sin esa capacidad de autorregulación, es imposible que desarrollen una verdadera autonomía ni las aptitudes necesarias para desenvolverse en la vida real.

Herramientas prácticas para trabajar en casa

Para pasar de la teoría a la acción y trabajar la salud digital desde casa, a lo largo de la conversación se propusieron una serie de herramientas sencillas para que las familias puedan aplicar en su día a día:

  • Termómetro de la autoestima. Preguntar a los hijos por la mañana y al volver a casa: “Del 1 al 10, ¿cuánto te quieres?”. Esta sencilla cuestión ayuda a detectar variaciones en su estado de ánimo, abrir vías de comunicación y conseguir anticiparnos en determinadas situaciones.
  • Análisis DAFO familiar. Analizar juntos las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades para saber cómo nos vemos como familia y qué cosas nuevas podemos nos gustaría incorporar.
  • Pausas de oxigenación. Poner alarmas a lo largo del día para parar durante un rato –ya sean 3, 5 o 10 minutos– para respirar y romper con el ritmo rápido y de hiperestimulación que imponen las pantallas.
  • Gimnasia emocional. Incorporar nuevas rutinas que cuiden de nuestro equilibrio, con prácticas como relajación, el ejercicio físico, el descanso adecuado, el juego simbólico o escribir al terminar el día.

Conclusión

Para cerrar esta conversación sobre salud digital y bienestar, Cristina Gutiérrez y el Dr. Rafael Bisquerra dejaron una invitación directa a la acción consciente y a la importancia de empezar por uno mismo antes de dedicarse a enseñar a los demás. Asimismo, recordaron la necesidad de alejarnos de la anestesia de las pantallas y reconectar con la presencia en el mundo real.

Firma: Carla Canals. Dpto. de comunicación de la Fundación Aprender a Mirar.