Impacto del programa Weko

Weko es un programa dirigido a diferentes escuelas con el objetivo de educar y concienciar al alumnado de primaria sobre el buen uso de las pantallas en el tiempo de ocio. A través de talleres, actividades y materiales adaptados a cada curso, Weko trabaja con el fin de que niños y comunidades educativas desarrollen un consumo tecnológico más responsable y saludable.

Para valorar el impacto de la formación del programa, durante el curso 24-25 pasamos la misma encuesta al inicio y al final del año escolar al alumnado de 5º y 6º de primaria de siete escuelas, analizando cada centro de forma individual. El objetivo ha sido observar, con datos reales, cómo evolucionaban los hábitos digitales de los niños después de un curso de trabajo continuado y detectar cambios en su forma de entender y gestionar el consumo de tecnología.

Debido a que Weko se desarrolla de manera específica en cada curso, las preguntas de la encuesta también varían: en 5º trabajamos aspectos como el cerebro, los videojuegos, el ciberbullying y el cine, mientras que en 6º nos centramos más en temas como la autoestima, las redes sociales o la impronta digital. 

En este artículo no se recogen todas las preguntas de la encuesta sino las que hemos considerado más representativas para reflejar de forma global el progreso del alumnado.

Resultados de 5º de primaria

Los datos de 5º muestran una evolución especialmente positiva en los hábitos de uso de pantallas. Los resultados muestran, en primer lugar, un descenso muy significativo del tiempo total de pantalla. Al inicio de curso, sólo una pequeña parte de los alumnos utilizaban pantallas menos de una hora al día (entre el 6% y el 29% según la escuela), pero a final de curso esta franja crece de forma muy notable hasta llegar, de media, al 51,1%. En algunos centros, el cambio es especialmente notorio, con incrementos hasta el 38,8% en este uso reducido.

También se observa una reducción muy clara de los usos excesivos, especialmente entre los alumnos que realizaban más de cinco horas diarias de pantalla. En algunas escuelas este nivel de uso casi desaparece, lo que indica una mejora real en la regulación del tiempo digital.

Por lo que respecta al uso de pantallas antes de estudiar, los resultados son más desiguales. Hay escuelas donde el cambio es destacable –como el caso de un centro en el que los alumnos que no utilizan pantallas antes de hacer deberes pasan del 0% al 60,7%–, mientras que en otros los hábitos se mantienen relativamente estables. Esto confirma que éste es un ámbito en el que cuesta más generar cambios consistentes.

En relación al uso de pantallas antes de acostarse, la mejora es una de las más evidentes. En un centro, por ejemplo, el porcentaje de alumnos que no utiliza pantallas antes de dormir pasa del 27,6% al 57,1%. El resto de escuelas también muestran descensos destacados en su uso nocturno y una consolidación de rutinas de sueño más saludables.

En conjunto, el alumnado de 5º muestra una reducción del tiempo de pantalla, una clara disminución de los usos más intensivos y una mejora notable de los hábitos nocturnos, mientras que el uso antes de estudiar sigue siendo el hábito más difícil de modificar.

Resultados de 6º de primaria

En cuanto a la relación entre autoestima y redes, la evolución es desigual entre escuelas, pero en muchos casos se observa una clara mejora en la comprensión de lo que significa tener una autoestima sana: cada vez menos alumnos creen que depende de la comparación con los demás o de la opinión externa. En un centro, por ejemplo, el porcentaje de alumnos que rechazan esta idea pasa del 50 al 82,6%, un cambio muy significativo.

También se detectan avances evidentes en la privacidad de los perfiles. En una escuela, el porcentaje de alumnos con las cuentas cerradas pasa del 22,7% al 42,1%, y en otra alcanza el 81,8%. Es una tendencia generalizada: mayor concienciación y mayor protección de la propia huella digital. Esta mejora se complementa con un aumento de la prudencia a la hora de aceptar solicitudes de amistad, ya que diferentes escuelas muestran incrementos en el número de alumnos que nunca aceptan personas desconocidas, como el caso de una clase que pasa del 73% al 84,2%.

La cuestión de compartir información personal es más desigual. Algunas escuelas presentan mejoras marcadas –como el aumento del 45,5% al ​​68,4% de alumnos que no publican datos más íntimos–, mientras que una registra un empeoramiento notable, lo que indica que este aspecto sigue siendo un punto delicado y que requiere un mayor seguimiento.

También es irregular la evolución en lo que se refiere a pensar antes de publicar. Hay grupos que progresan mucho, pasando del 58,3% al 76,5% de alumnos que reflexionan antes de compartir contenido, pero otra escuela presenta una disminución. Este indicador es clave porque determina hasta qué punto los alumnos entienden el impacto de lo que publican.

En conjunto, los resultados de 6º muestran un progreso hacia un uso más responsable de las redes sociales y una mejor comprensión de la autoestima, aunque siguen existiendo puntos a seguir trabajando –especialmente la difusión de información personal– que necesitan mayor educación y acompañamiento continuado.

Conclusiones

Los datos obtenidos confirman que el programa Weko tiene un impacto real en la forma en que los niños entienden y gestionan la tecnología. Tanto en 5º como en 6º se observa una evolución hacia un uso más saludable, consciente y responsable. En 5º, destacan la reducción del tiempo de pantalla y la mejora de los hábitos nocturnos, mientras que el uso antes de estudiar sigue siendo el reto principal. En 6º, los avances en privacidad, prudencia y reflexión antes de publicar son claros, pero todavía hay que reforzar la educación emocional y la gestión de lo que se comparte online.

En conjunto, el programa ha tenido un impacto positivo, y los cambios observados indican que el acompañamiento y la formación en el uso de las redes siguen siendo imprescindibles en esta etapa educativa.

Sabemos que modificar los hábitos digitales es todo un reto, especialmente cuando muchos alumnos ya llegan con costumbres bien arraigadas, como pasar muchas horas frente a pantallas. Un cambio de hábitos no es fácil y no se produce de un día para otro, por eso creemos que el trabajo continuado a lo largo de dos cursos es clave. Esta constancia ayuda a consolidar los conocimientos, reforzar la conciencia sobre los riesgos y beneficios de la tecnología y, al final, establecer rutinas más saludables y responsables en el uso de las pantallas.