Sharenting. ¿Dónde está el límite?

La Fundación Aprender a Mirar, juntamente con la Associació de Consumidors de Mitjans Audiovisuals de Catalunya, organizaron ayer un nuevo seminario web incluido en el Programa de Educación Audiovisual y bajo las campañas #ShesAPerson y #ElMóvilNoEsUnJuguete.

En esta ocasión, Silvia Álava, Doctora en Psicología Clínica y de la Salud, fue entrevistada por Patricia Gassó, psicóloga y maestra, para dar respuesta a la pregunta: Sharenting, ¿dónde está el límite?

Compartir fotografías de menores y sus riesgos

Para aquellos que desconozcan el término que dio nombre al seminario, sharenting proviene de las palabras share (compartir) y parenting (paternidad). Por lo tanto, son los padres quien gestionan la imagen de sus hijos y ambos se deben poner de acuerdo a la hora de subir contenido (o autorizar su subida). Sin embargo, es importante recalcar que la imagen pertenece al menor.

Pueden surgir algunos riesgos derivados de esta práctica, que se dan tanto a corto como a largo plazo:

  • Derecho a la imagen. Al subir una foto de un menor se está vulnerando su derecho a la imagen sin ser conscientes de cómo puede afectar a su futuro. Se empieza a generar su huella digital sin darnos cuenta.
  • Pérdida de la propiedad. No se puede controlar qué uso les darán otras personas a las imágenes. Además, gran parte del material incautado a pedófilos se trata de fotografías cotidianas compartidas por los padres y madres.
  • Exposición de menores. No sabemos si los menores estarán de acuerdo con la decisión de haber compartido su imagen y exponerlos desde pequeños. Es posible que más adelante les dé vergüenza y quieran eliminar las fotografías.
  • No estar presentes. ¿Estamos presentes para acompañar y generar un vínculo o solamente para grabar? El menor puede percibir que los adultos no están allí para él, sino como meros reporteros. Si se graba un vídeo, es mejor que se quede en la intimidad familiar.

La importancia de los límites

No siempre están claros los motivos por los que un adulto decide compartir las fotografías de un menor. Durante el webinar se lanzó la reflexión que a veces, sin darse cuenta, se puede hacer para subir la autoestima, sentirse realizado con likes o incluso para ganar dinero.

Antes de compartir una publicación en la que sale un menor, pensemos si es necesario y qué uso se le puede dar a esa información.

Es esencial poner límites a los contenidos que se comparten online, sobre todo cuando se muestra a los pequeños en situaciones de gran vulnerabilidad –por ejemplo, cuando sienten miedo o tristeza– con el fin de divertir a los adultos. En estas ocasiones necesitan acompañamiento en lugar de una grabación.

Si durante su infancia han vivido que todo lo que hacen se comparte, será muy complicado ponerles límites después, cuando lleguen a la adolescencia, y seguirán publicando toda su intimidad.

Como adultos de referencia, los padres deben esforzarse por mirar a los ojos y no a través de una pantalla, estar presentes en cuerpo y mente, proporcionarles un vínculo seguro y corregular sus emociones. Por el contrario, si los exponen, dejarán de generar un espacio de confianza que luego no se puede recuperar. La infancia es muy corta y es básico poder vivirla y disfrutarla con los hijos.

El seminario concluyó con una reflexión sobre la labor de la sociedad para proteger al menor, empezando por sus padres. Por este motivo, desde la Fundación defendemos la importancia concienciar e informar ante conductas en la red como pueden ser el sharenting.

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